Trabajos de disolución

Trabajos de disolución

CARTEL: LAS DIMENSIONES DEL GOCE

Nancy Hagenbuch –Alicia Pagliarani- Silvia Liberoff – Beatriz Rajlin

La interrogación en este cartel gira alrededor del concepto de pulsión de muerte que S. Freud introdujo en su teorización a partir de 1920, en su texto “Más allá del principio del placer”.
J. Lacan considera que éste es el último período metapsicológico de las elaboraciones freudianas, necesarias para mantener el principio del descentramiento del sujeto; nombra a “Más allá del principio del placer” como el texto primero, el trabajo-pivote, en el que se fecha la aparición de la pulsión de muerte, noción que le resultó forzoso a S. Freud introducir para volver a encontrar el sentido de su experiencia.
Freud en su obra el ESQUEMA DEL PSICOANÁLISIS, del año 1938 nos brinda una síntesis y una actualización de sus elaboraciones sobre la teoría de las pulsiones.
Reseño de este trabajo lo siguiente:
“Llamamos “pulsiones” a las fuerzas que suponemos tras las tensiones de necesidad del ello. Representan los requerimientos que hace el cuerpo a la vida anímica. Aunque causa última de toda actividad, son de
naturaleza conservadora; de todo estado alcanzado por un ser brota un afán por reproducir ese estado tan pronto se lo abandonó.  (…)
Tras larga vacilación y oscilación, nos hemos resuelto a aceptar sólo dos pulsiones básicas: Eros y pulsión de destrucción. (La oposición entre pulsión de conservación de sí mismo y de conservación de la especie, así como la otra entre amor yoico y amor de objeto, se sitúan en el interior del Eros.) La meta de la primera es producir unidades cada vez más grandes y, así, conservarlas, o sea, una ligazón (bandung); la meta de la otra es, al contrario, disolver nexos y, así, destruir las cosas del mundo. Respecto de la pulsión de destrucción, podemos pensar que aparece como su meta última trasportar lo vivo al estado inorgánico; por eso también la llamamos pulsión de muerte. (…)
La íntegra energía disponible de Eros, que desde ahora llamaremos libido, está presente en el yo-ello todavía indiferenciado y sirve para neutralizar las inclinaciones de destrucción simultáneamente presentes. (Carecemos de un término análogo a “libido” para la energía de la pulsión de destrucción.) En posteriores estados nos resulta relativamente fácil perseguir los destinos de la libido; ello es más difícil respecto de la pulsión de destrucción.
Mientras ésta última produce efectos en lo interior como pulsión de muerte, permanece muda; sólo comparece ante nosotros cuando es vuelta hacia fuera como pulsión de destrucción.”
En el texto “Análisis terminable e interminable” de 1937, Freud plantea las siguientes consideraciones:
“…los fenómenos del masoquismo…, la reacción terapéutica negativa y la conciencia de culpa de los neuróticos, no podrá ya sustentar la creencia de que el acontecer anímico es gobernado exclusivamente por el afán de placer. Estos fenómenos apuntan de manera inequívoca a la presencia en la vida anímica de un poder que, por sus metas, llamamos pulsión de agresión o destrucción y derivamos de la pulsión de muerte originaria, propia de la materia inanimada. No cuenta aquí una oposición entre teoría optimista y pesimista de la vida; sólo la acción eficaz  conjugada y contraria de las dos pulsiones primordiales, Eros y pulsión de muerte, explica la variedad de  los fenómenos vitales, nunca una sola de ellas.(…)
En el estudio de los fenómenos que prueban el quehacer de la pulsión de destrucción no estamos limitados a observaciones de material patológico. Numerosos hechos de la vida anímica normal exigen una explicación así, y cuanto más se aguce nuestra mirada, tanto más abundantes habrán de parecernos…”.

Beatriz Rajlin

Los puntos a que me llevó la investigación sobre “Las dimensiones del goce” fueron: un sujeto surge a partir del discurso; hay un sujeto mítico del goce absoluto, el uno antes del rasgo unario; el rasgo unario como impronta que evoca las condiciones de un goce inaugural; el sujeto, respecto de cualquier caída de goce sólo puede manifestarse como repetición inconsciente; repetición que siempre, aunque distinta, llevará la marca de ese rasgo. La esencia del sujeto son las maneras en que la traza como impronta fue borrada. Las trazas borradas se instituyen en sistemas significantes y ahí comienza el alcance tipo del lenguaje.
El objeto a como condensador del goce que no es más goce sino plus de gozar y se expandirá para tentar a la repetición.
El goce es un sistema de ninguna parte. Por el lazo que lo une con el significante fálico del goce sexual, está forcluido de lo simbólico.  En tanto forcluido  vuelve por todas partes desde lo real.
El falo abre la hiancia de la relación sexual y  esto determina dos funciones: el ser y el tener.
Esta hiancia es soportada por la sustitución de relación sexual por ley sexual. Ley coherente con la ley de interdicción del incesto que establece la identidad deseo – ley e instaura la demarcación de la verdad como estructura de ficción.
Respecto de las estructuras clínicas, la marcación de Lacan es que se trata de cómo le fue transmitido al sujeto el objeto a, el goce y el saber.
En su estructura de sujeto, la histérica conjuga la verdad de su goce con el saber implacable que tiene que el gran Otro propio para causarla es el falo. Su cuerpo vacío de goce hace de función significante. Por su riesgo de goce, interroga al gran Otro, en tanto lugar de saber para su seguridad. Erige una mujer como mítica, la esfinge, que es quien sabe lo que hace falta para el goce del hombre.
El obsesivo supone que el amo sabe lo que él quiere y con eso refuerza el modelo del amo. No quiere tomarse como objeto a debido a que su miedo no es a la muerte sino que su riesgo es de vida.  El goce es un tratado con el gran Otro imaginado y sólo se autoriza a un pago renovado que hace de las modalidades de la deuda un ceremonial donde sólo encuentra su plus de goce.
Lacan llega al fondo de la estructura perversa colocándola en referencia a la posición del perverso a través de las pulsiones escoptofílica y sadomasoquista. En todos los casos lo califica de estatua de lo que restituye la plenitud del gran Otro. No ha podido producir la caída del objeto a del campo del gran Otro, no surgió de ahí un sujeto, y es como objeto que se ofrecerá a su suplementación. Operatoria que resulta en esta  estructura  por la denegación de la castración. No aparece la función fálica en tanto para el perverso ella es y lo tiene, y él es y lo tiene, el falo.

Discurso analítico. Plus de goce.
Nancy Hagenbuch

Sigmund Freud y Jacques Lacan establecieron  la experiencia analítica como una experiencia del discurso.
Lo nuevo de la teoría analítica es que haya un discurso que articula la renuncia al goce y que hace aparecer allí la función del plus de gozar. ¿Qué quiere decir esto? Nada se ordena más que a partir del enunciado: “gozar de la madre está prohibido”. La ley sobre la cual se funda el Complejo de Edipo, y de la cual queda claro que el goce se distingue de la ley.
El Nombre del Padre es pivote del discurso. La transmisión del Nombre del padre es la transmisión de la castración. Es la anulación del goce fálico. A partir de aquí  el sujeto queda elidido. La división del sujeto es un nudo. Recordemos dónde lo desanuda Freud: en esa falta de pene de la madre donde se revela la naturaleza del falo. El sujeto se divide para con la realidad, viendo a la vez abrirse en ella el abismo contra el cual se amurallará con una fobia, y por otra parte recubriéndolo con esa superficie donde erigirá el fetiche, es decir la existencia del pene mantenida, aunque desplazada.

La repetición.

Sigmund Freud captó en la clínica que los procesos anímicos están regulado automáticamente por el principio de placer. A  los procesos psíquicos lo ponen en marcha una tensión displacentera, y después adopta tal orientación que su resultado final coincide con una disminución de aquella, esto es con una evitación de displacer o producción de placer. Pero hay otra fuerza que no tiende al placer. Freud la llamó: el más allá del principio de placer, la pulsión de muerte o el goce. Así el goce es algo donde marca sus rasgos y sus límites el principio de placer.
Jacques Lacan articula  “no hay goce más que del cuerpo”. Decir que no hay goce más que del cuerpo es rehusar los goces eternos.  La introducción del sujeto, como efecto de la significancia gira en la separación del cuerpo y el goce. La anulación del goce es la castración.
Freud captó lo esencial en la clínica de la compulsión a la repetición. Lacan aporta, en la repetición, el valor del rasgo unario. El trazo es signo escrito de la pérdida. La repetición es  denotación precisa de un rasgo, un trazo, un elemento de escritura en tanto conmemora una irrupción de goce.
La repetición se funda en el retorno al goce y en este sentido se produce algo que es un defecto, un fracaso porque el  goce podrido esta perdido.
El goce está dirigido a un esfuerzo de rehallazgo, este goce no podría ser más que  reconocido por el efecto de marca.
Si el goce esta prohibido, si entra en juego, si es reconocible, si es ratificado al recibir la sanción del rasgo unario y la repetición, que lo instituye como marca, si esto se produce, sólo puede originarse en una débil desviación en el sentido del goce.

La pulsión. El objeto a.

El psicoanálisis ha descubierto medios de producción de  satisfacción.  Estos medios de producción de satisfacción son  montajes, que se llaman pulsiones.  Su goce esta ligado a lo sexual. Un goce de borde que ha podido ser llamada en la equivalencia a un goce sexual.
La pulsión designa la conjunción de la lógica y la corporeidad. En el corazón de la pulsión está el objeto a. Este objeto  a es lo que cosquillea al das Ding por el interior.
¿De dónde surge este objeto a? El  campo del Otro (A)  es donde el sujeto se inscribe.
El sujeto esta  marcado por el rasgo unario en el campo del Otro. No por ello el Otro queda aniquilado, hay un resto. Este residuo es prueba y garantía de la alteridad del Otro. Ese resto es el objeto a. Funciona como lugar de captura de goce.

Es necesario creer que en los neuróticos debe haber algo que cojea, en lo que se refiere a su satisfacción pulsional. Son sujetos con toda suerte de perturbaciones que  logran  alguna satisfacción en sus fantasmas y en sus síntomas.  Los fantasmas se presentan como un nudo de todo lo que se trata en lo concerniente a una economía de goce. En el  fantasma los objetos truchos  vienen a taponar la hiancia  de la castración.
Hay muchas formas refinadas de sustituir el goce excluido de la castración. Por eso, lo que interesa en la investigación analítica es saber de qué manera, para sustituir ese goce prohibido, los neuróticos, se aportan alguna cosa cuyo origen es muy distinto al goce fálico.
Nuestra práctica esta ligada a desenmascarar, develar, ahí donde debemos atenderlo, en el síntoma. Desenmascarar esta relación al goce, nuestro real pero en la medida que esta excluido.
¿En la perversión, qué encontramos? Una operación de sujeto. El perverso está en la búsqueda de esta perspectiva, en tanto hace surgir el acento en la recuperación del goce. Pero lo busca de una manera experimental. Ha reparado en la disyunción cuerpo- goce. Pero como sabe que el goce no ha sido solamente en este proceso goce alienado, queda una chance.
Es desde el lugar del objeto a que el perverso interroga la función del goce. El goce que apunta es al goce del Otro en tanto él es el resto. El goce que el perverso encuentra no está en la totalidad del cuerpo,  está en estos  objetos.
El perverso es aquel que se consagra a obturar ese agujero en el Otro.

Saber-Verdad

El psicoanálisis localiza en su praxis a un  sujeto en estado de hendija, de spaltung.  Un sujeto en exclusión interna de su objeto. El sujeto esta dividido entre saber y verdad. El objeto a debe insertarse en la división del sujeto por donde se estructura el campo psicoanalítico.
El saber es el saber del inconciente. El inconciente es un saber no sabido, y es sexual.
La verdad está escondida, pero no estamos sin ella. La verdad es lo que el sujeto grita por medio de su síntoma. Síntoma que sostiene un trozo de real.
Jacques Lacan  define la verdad como la hermana del goce prohibido. Ella cambia de acuerdo a que goce responda por lo cual, la verdad, tiene más de un rostro.
Resulta necesario considerar la posición del analista.
La interpretación se presenta como un saber en tanto verdad. La interpretación se establece por medio del enigma y apunta a esas verdades. Si la verdad varía de acuerdo a los puntos de goce, la  interpretación interviene para descifrar los goces del síntoma.
La transferencia es lo que permite el pasaje del goce al inconciente. En tanto el analista tiene que representar aquí de algún modo, el efecto de rechazo del discurso, es decir, el objeto a.
La posición del analista esta hecho de objeto a. Esta posición es la del objeto a, en tanto designa lo más opaco y sin embargo esencial, lo que resiste del discurso, lo real.

El objeto causa.

El objeto a es la esencia de nuestro deseo, innombrable, inasible, inarticulable, concerniente  a lo que es del ser. Es la causa del deseo y el valor que lo determina.  Este objeto causa es el objeto de la pulsión. Este objeto se presenta sobre dos vertientes, la demanda y el deseo. Sobre la vertiente de la demanda son los objetos conocidos bajo los nombres de seno y excremento. La otra vertiente es la que tiene relación con el deseo, a saber la mirada y la voz.
Jacques Lacan en el final del seminario “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” pregunta ¿qué deviene de la pulsión una vez atravesado el fantasma? ¿Cómo puede un sujeto que ha atravesado el fantasma radical vivir la pulsión?
Lacan nos lleva al tema del deseo del análisis. Deseo de obtener la diferencia absoluta. La que interviene cuando el sujeto confrontado al significante primordial accede por primera vez a la posición de la sujeción al él. Sólo allí puede surgir la significación  de un amor sin límite.
Para concluir tomaré una cita del antiguo testamento que dice: “Goza de la vida con tu amada compañera todos los días de tu vana vida que Dios te da bajo el sol, porque esa es tu parte en esta vida  entre los trabajos que padeces bajo el sol.”  Jacques Lacan agrega: “Has anillo de ese agujero, de ese vacío  que esta en el centro de tu ser. No existe prójimo sino es ese agujero mismo que esta en ti. Es el vacío de ti mismo.”

Alicia Pagliarani

Como consecuencia de la incidencia del significante en la constitución del sujeto se produce la separación de los campos del deseo y del goce.
El Complejo de Castración es el resorte mayor de la diagramación de estos campos.
Castración significa renuncia al goce, en tanto en el corazón del Otro, lugar de la palabra, existe un Uno indecible, lo que significa que el Otro está barrado, que hay no todo.
El goce está prohibido a quien habla como tal, o lo que es lo mismo, que no puede decirse sino entre líneas para quien quiera que sea sujeto de la ley, puesto que la ley se funda en esta prohibición misma. Sin embargo no es la ley la que le cierra el paso al goce, sino el principio del placer el que le aporta el límite.
El Falo es la función que representa lo que falta, fundando el tipo de castración como el de la mujer, e instituyendo del lado del macho el enigma del goce absoluto articulado en el mito freudiano del Padre Primordial.
Existen diferentes goces.
Hay un goce en lo imaginario, es la satisfacción que se logra con la imagen especular que es fundamental en las relaciones con la imagen del cuerpo del que va a depender el dominio motriz gracias al cual el hombre se desplaza sin salir del área que trazó el goce.
El goce fálico.
Los fantasmas constituyen medios de producción de goce.
El sujeto debe reconocer en el Otro el agujero que lo hace barrado, sin embargo el obsesivo como la histérica identifican la falta del Otro con su demanda. Así la demanda toma función de objeto en su fantasma. Por esta preeminencia dada a la demanda constituye el deseo como imposible o como insatisfecho.
Para la neurosis los impasses en el deseo se articulan a los medios de producción de goce que extrae de los fantasmas. De lo que resulta que en la neurosis el goce no está en el cuerpo, está en lo que queda de su exclusión del campo del Otro: los objetos a en su función de plus de gozar.
La perversión se diferencia porque se consagra a obturar el agujero en el Otro haciéndose objeto mirada o voz en un intento siempre fallido de producir la división que los constituiría como objetos.
El goce sexual, por la función significante del Falo, está fuera del sistema del sujeto, está excluido, pero tiene el privilegio de poder pasar la barrera del principio del placer. No hay sujeto del goce sexual.
En la experiencia analítica se trata de desenmascarar el goce allí donde debemos atenderlo, en nuestro real, en el síntoma, allí un saber pide ser revelado. El analista practica el corte en la estructura del Sujeto supuesto Saber para dar paso al deseo inconsciente, a saber lo que él quiere: lo que el deseo quiere.
Allí el objeto a en su función de plus de gozar es la apuesta para la ganancia de otro goce: para la mujer se hace causa del deseo; para el hombre saber que está castrado, lo estaba desde siempre, ahora puede aprehenderlo.
Ese otro goce, goce de la vida, articulado a la Castración, a la función simbólica del Falo, nada tiene que ver con el ideal de felicidad que lo aliena de su causa.