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LÓGICA Y SINSENTIDO - Lewis Carroll

Beatriz Rajlin

¿Quién era Lewis Carroll? ¿Ese hombre capaz de interesar a la vez a los filósofos analíticos y a los surrealistas, a los poetas dadaístas y a los lógicos formales, a Bertrand Russell, a André Breton, a Artaud, a Deleuze, a Cortázar?
Charles Lutwidge Dodgson nació el 27 de enero de 1832 en un pueblito de Cheschire donde su padre se desempeñaba como párroco.
Se cuenta que desde niño era afecto a inventar juegos para sus hermanos: un teatro de títeres, fue actor y mago, inventó acertijos.
Al cursar sus estudios en Oxford se destacó muy pronto en las matemáticas y editó y colaboró en revistas de circulación familiar.
Obtenido su título de profesor de matemáticas, ejerció en el Christ Church, en Oxford, cargo que ocupó hasta su muerte en 1898. Durante cuarenta y siete años fue habitante de la Universidad de Oxford.
Investigó en los campos de la lógica y la matemática y publicó varios libros sobre estos temas, algunos de los cuales dedicados a la enseñanza de estas materias. Hombre de vida ordenada, casta, apacible, burgués británico de la segunda mitad del siglo XIX, diácono de la Iglesia de Inglaterra, a pesar de que no creía en el castigo eterno de los pecadores, remilgado, altivo, impoluto, profundamente aburrido en clases y reuniones.
Fue contemporáneo de Frege, de De Morgan, de Boole, de Poincaré, de Peano, de Cantor, quienes sentaron las bases para la nueva matemática y la lógica moderna que estudiamos hoy en día; de Julio Verne, de Mark Twain, de Dostoievski y de Flaubert, los grandes escritores del siglo XIX.
En 1862 nació Lewis Carroll. Y ahí hablo del momento en que manuscribió e ilustró un cuento que le había narrado a Alicia Liddell y sus hermanas en una tarde de paseo por el Támesis; lo llamó Las aventuras de Alicia en el Mundo Subterráneo. De él se dice que era domesticador de serpientes y sapos; prestidigitador, sordo de un oído, inventor de cajas de sorpresas, de rompecabezas, entusiasta de las bicicletas en su juventud y de los triciclos en su madurez, creador de juegos de palabras incluso en idiomas que no conocía, excelente fotógrafo, sobre todo de niñas vestidas y desnudas. Se dice que fue el mejor fotógrafo de su época.
El Dodgson circunspecto y el Carroll excéntrico se encontraban en la lógica.
Si bien se dice que el Carroll era el lugar en que Dodgson se evadía de su vida reprimida, se podría decir que el Carroll era el lugar donde presentaba batalla. Esta batalla revistió la forma de un intento de introducir el sinsentido en el seno de la lógica misma. Alicia en al País de las Maravillas, y Alicia a través del Espejo no serían sino el repertorio de los errores y perplejidades a que el lenguaje conduce cuando no lo usamos con cuidado. El juego de la lógica y la Lógica simbólica serían libros destinados a enseñarnos los cuidados que debemos procurar al lenguaje para evitar que el lenguaje nos vuelva locos. Las obras lógicas de Carroll muestran la contradicción entre la exposición rigurosa de una ciencia que es la ciencia del sentido y la mostración de la corriente del sinsentido. La lógica de Carroll muestra dos cosas: que la lógica obedecida hasta sus últimas consecuencias lleva a la locura, y que la trasgresión de los principios lógicos constituye una purificación, una cura de sueño. La tensión no sólo se manifiesta en Carroll a través del sometimiento  a la lógica sino también a través de la trasgresión de sus leyes. De un lenguaje libre sólo se puede hablar por respecto a un lenguaje controlado. Sólo por contradicción con un lenguaje obediente puede tener sentido un lenguaje de vacaciones, o mejor dicho, un lenguaje en huelga. Únicamente desde la lógica como horizonte de cordura se puede entender - se puede “encontrar la gracia” - de un lenguaje demencial. Violar la lógica es poseerla.
Alicia se merece ese nacimiento entre legendario y meticuloso que le adjudicó siempre su autor. Parece que fue un 4 de julio de 1862, casi podría calcularse la hora exacta, sobre el río Támesis, en una tarde calurosa y radiante de sol, cuando el joven diácono Charles Lutwidge Dodgson, “para dar placer a una niña que amaba (no recuerdo ningún otro motivo)” [del diario de Dodgson varios años más tarde] - inventó las extrañas y perdurables aventuras de Alicia en el país cuya puerta de entrada era una madriguera. Y si agregamos que los registros de la oficina meteorológica de Londres - ¿quién se atreve a dudar de la oficina meteorológica de Londres? - aseguran que el 4 de julio de 1862 fue un día fresco y húmedo, más bien nublado y hasta lluvioso, Alicia ingresa definitivamente en la gloriosa ambigüedad y obtiene desde el vamos la cédula de sinsentido.
Alicia en el País de las Maravillas se trata de un sueño que despierta en nosotros toda clase de sensaciones extrañas. Logra este efecto gracias a una serie de elementos heterogéneos cuya amalgama asombrosa constituye la esencia de su obra: estilo recortado, rápido y breve, de agilidad sorprendente. Sus criaturas son caricaturas de la sociedad inglesa, en las que el lector anglosajón se reconoce a sí mismo y a los mecanismos que emplea una cultura tan evolucionada como lo fue la victoriana para lograr la conformidad de sus miembros frente a sus formidables exigencias. Es una denuncia revolucionaria la que se cuela irresistiblemente a por las defensas críticas del lector.
A través de los juegos de palabras, intuiciones semánticas, paradojas lingüísticas y parodias poéticas Carroll fulmina a los poetas que veían cosas sublimes y a los moralizantes, plaga de la educación puritana, que debieron su fama a la triste simplificación conformista de la ética de su tiempo que cantan en sus rimas. Ahí los disparates y despropósitos asaltan la estructura lógica y conceptual de la realidad desconcertando primero a Alicia y luego al lector sorprendido. Se dice que fue un precursor de la literatura de nuestro siglo, no únicamente en el campo del lenguaje o de la lógica autónoma de las palabras sino que también incluye las ventajas didácticas (y políticas) del castigo sin crimen en A través del Espejo, o esta frase del tirano que es a la vez acusador y juez supremo de Alicia en el País de las Maravillas: “- ¡No, no! - gritó la Reina - ¡Primero la sentencia... el veredicto después!”.
La relación entre el escritor y su obra es una casualidad. Los rasgos fortuitos y sincrónicos con que se fecunda una obra artística permanecen ocultos para el mismo autor. Carroll dijo de sus escritos: “¡Mucho me temo no haber querido escribir nada más que disparates, pura y simplemente! Pero, después de todo, ya se sabe bien, el sentido de las palabras va más allá del que quisimos darles, de forma tal que un libro entero significa más de lo que creía su autor”.
Su penetración en el mundo de la infancia fue genial.
Alicia es un libro pionero en la exploración del psiquismo infantil; la angustia de no crecer y de crecer demasiado, el miedo a las modificaciones del cuerpo, el temor a los adultos, la dificultad para comunicarse con ellos, el terror a perder la identidad. Revela un visión del mundo profunda y sumamente original para el siglo XIX y anticipa pensamientos del XX que de ningún modo invalida su cualidad de libro infantil.
El niño no es inocente ni a-cultural. Sin embargo, así lo querían los victorianos. El niño imaginario de los victorianos, puro, asexuado, sincero, sabio y bondadoso, merecía vivir en un mundo igualmente imaginario, dorado y feliz. El adulto se sentía en la obligación de rodearlo de pautas de conducta muy estrictas, destinadas a domesticarlo, pero también a protegerlo y transmitirle, fuera de esas pautas, la menor cantidad posible de información acerca del mundo.
Es así que se ve en Alicia la transformación de poemas moralizantes y pacatos, cuya letra Alicia olvida durante su sueño, en relatos donde el zoomorfismo delata el surgimiento de la pulsión.
Dos factores producen el efecto onírico de Alicia: su estilo y la inclusión de la lógica matemática.
1) El estilo coloca al lector directamente en contacto con la situación.
* El encuadre del sueño libera al autor de la necesidad de describir situaciones objetivas y le permite concentrarse en el ánimo subjetivo de Alicia. Durante la tarde veraniega al borde del río, en la descripción de la primera escena, el lector lee el aburrimiento de Alicia.
* La transformación inesperada de las situaciones hace que Alicia pase en un instante por mutaciones radicales de la realidad y metamorfosis de su propio ser, que sin embargo están siempre ligadas entre sí por explicaciones perfectamente lógicas. Esto hace que el lector se sienta de inmediato sobrecogido por su dinámica vertiginosa.
* Hay un ritmo musical en la sucesión de las aventuras de Alicia, situaciones rápidas, narradas a vuela pluma, otras lentas, contemplativas e introspectivas, se pasa luego a otras alegres y brillantes, sin que en esta sucesión de tiempos Carroll pierda nunca el equilibrio.
* La caprichosa profundidad con que Carroll maneja el lenguaje, burlándose de formas etimológicas y hasta de la misma función lingüística de “expresar” lo colocan entre los precursores e iniciadores del dadaísmo. La mezcla de situaciones disparatadas, aunque significativas no puede menos que recordarnos a Kafka. Se ha señalado el parecido entre el juicio del que Alicia es testigo en la Corte de la Reina de Corazones y el Proceso de Kafka.
* Las caricaturas zoomórficas de Carroll marcan una notable simbiosis entre el personaje y el animal en el que encarna. Son figurativos del proceso dialéctico que le sirve a Carroll para presentar una caricatura social.
* El sinsentido aquí violenta el referente respetando al mismo tiempo la sintaxis: el Sombrerero, la Liebre de Marzo, la Símil Tortuga son personajes nacidos del lenguaje. El enunciado engendra el sentido. Lo formulado aseverativamente y correctamente desde el punto de vista sintáctico de la lengua deja de ser un argumento, y como tal cuestionable, y pasa a formar parte de las cosas, incuestionables. Esta visión no ingenua del lenguaje es una de las contribuciones más revolucionarias de Carroll a la literatura. Carroll va más allá del sinónimo y del homónimo: desmenuza la similitud de sonidos multiplicando el homónimo hasta límites insospechados, apoyándose una veces en una raíz parecida, otras en una terminación análoga aprovechando similitudes etimológicas, unas auténticas y otras falsas; analiza las posibilidades del sinónimo destacando relaciones maravillosas, quebrando el sinónimo, al subrayar las diferencias circunstanciales de sus términos. Así las palabras se ramifican, abarcan sonidos y significados diversos, multiplican geométricamente sus posibilidades expresivas y sin embargo estos juegos nunca se separan de la narración, no abandonan su función, que es la de destacar ciertos aspectos caracterológicos de los personajes.
2) La lógica matemática se añade como elemento lúdico. Carroll era un gran matemático: era su profesión. Cuentan que la Reina Victoria, encantada con la lectura de Alicia, pidió que le trajeran todo lo que hubiera escrito Carroll; puede uno imaginarse el chasco que se llevó la gran reina cuando en lugar de las graciosas narraciones que esperaba reanudar se encontró con los siguientes títulos: El juego de la Lógica, y otros varios sobre la geometría euclidiana, una teoría sobre las paralelas y curiosidades matemáticas...
En Alicia en el País de las Maravillas la destreza matemática y científica de Carroll se manifiesta en preguntas que Alicia se hace constantemente sobre la naturaleza del mundo, preguntas geográficas, astronómicas, científicas o simplemente matemáticas, hábilmente encubiertas en el diálogo de una niña.
La combinación de los juegos de palabras con la lógica, las presuntas conclusiones y dilemas dejan al lector fuera de combate. Se relativizan los aspectos más sólidos de la realidad, que se escamotean a través de sinónimos, homónimos, pseudos etimologías, curiosidades y paradojas científicas. El lector acaba de esta manera con un estado mental de incertidumbre lógica que reduce sus defensas racionales y descubre sus mecanismos oníricos.

BIBLIOGRAFÍA

CARROLL, Lewis, A través del espejo y lo que Alicia encontró al otro lado, Traducción y prólogo de Jaime de Ojeda, Bs. As., Alianza Editorial, 1993

CARROLL, Lewis, Alicia en el País de las maravillas, Traducción y prólogo de Jaime de Ojeda, Bs. As., Alianza Editorial, 1992

CARROLL, Lewis, El juego de la lógica y otros escritos, Selección y prólogo de Alfredo Deaño, Madrid, Alianza Editorial, 1988

Viernes 29 de noviembre de 1996.
Presentación desde Comisión de Biblioteca.

 

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